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En alerta por El Niño, productores de Entre Ríos ya trasladan sus animales a campos más altos

Ante los pronósticos que confirman la llegada del fenómeno climatológico El Niño y la amenaza inminente de severas inundaciones en las zonas bajas, miles de productores entrerrianos aceleraron el traslado de casi medio millón de animales hacia tierras más elevadas, sorteando serios problemas logísticos para evitar las pérdidas del pasado.

En alerta por El Niño, productores de Entre Ríos ya trasladan sus animales a campos más altos

Ante los pronósticos que confirman la llegada del fenómeno climatológico El Niño y la amenaza inminente de severas inundaciones en las zonas bajas, miles de productores entrerrianos aceleraron el traslado de casi medio millón de animales hacia tierras más elevadas, sorteando serios problemas logísticos para evitar las pérdidas del pasado.

El río avisa, pero la memoria de las grandes crecientes enseña. Con el recuerdo latente de las destructivas inundaciones de 1983, 1998 o 2016, el sector ganadero del delta entrerriano decidió no esperar a que la corriente le gane de mano. En una carrera contrarreloj que demanda esfuerzo físico y financiero, pequeños y medianos productores ya comenzaron los aprestos y arreos masivos para mover cerca de 492.000 cabezas de ganado emplazadas en campos inundables e islas hacia pasturas en zonas altas.

La alerta disparada por los informes meteorológicos sobre el fortalecimiento de El Niño desencadenó una intensa búsqueda de alquileres de campos firmes. Sin embargo, la tarea cotidiana lejos está de ser sencilla. Las familias rurales de departamentos emblemáticos como Islas del Ibicuy, Victoria, Gualeguay y Diamante enfrentan un verdadero cuello de botella: la oferta de hectáreas en altura es escasa, los fletes marítimos y fluviales resultan insuficientes para la demanda masiva, y la infraestructura vial rural —afectada históricamente por el deterioro— suma complejidad para el transporte en camiones.

A pesar del escenario complejo, referentes locales destacan que hoy la tecnología brinda un margen de maniobra invalorable. Si bien la incertidumbre climática siempre pesa sobre las espaldas del baqueano, la posibilidad de contar con alertas tempranas permite organizarse con semanas de antelación, evitar malvender la hacienda a precios de remate desesperado y resguardar el patrimonio y el bienestar del ganado. Mientras se gestiona la instalación de nuevos corrales de embarque y logística de apoyo, el campo entrerriano vuelve a mostrar su resiliencia natural: con el agua en el horizonte, la prevención se convirtió en la principal herramienta de trabajo.

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