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Un Monumental que abraza a Ponzio: River sufrió, pero Tomás Galván clavó un derechazo de película para liquidar a la Lepra .

En una noche cargada de emociones, que incluyó un conmovedor homenaje a Lionel Messi y un reconocimiento a las Leonas campeonas, el Millonario se impuso por 3-1 a Independiente Rivadavia. Gonzalo Montiel, de penal, abrió la cuenta, pero la figura de la noche fue el juvenil Tomás Galván, quien firmó un doblete.

Un Monumental que abraza a Ponzio: River sufrió, pero Tomás Galván clavó un derechazo de película para liquidar a la Lepra .

En una noche cargada de emociones, que incluyó un conmovedor homenaje a Lionel Messi y un reconocimiento a las Leonas campeonas, el Millonario se impuso por 3-1 a Independiente Rivadavia. Gonzalo Montiel, de penal, abrió la cuenta, pero la figura de la noche fue el juvenil Tomás Galván, quien firmó un doblete.

La noche de ayer en el Estadio Mâs Monumental no fue una más. Tenía ese aroma especial de los debuts esperados, de los regresos que se sienten como un abrazo. Leonardo Ponzio, el eterno capitán, se paraba por primera vez en el corralito como director técnico local, y la gente se lo hizo saber con una ovación que pareció eterno. Pero el fútbol, caprichoso y vibrante, no entiende de romanticismos sin lucha, y el partido ante Independiente Rivadavia de Mendoza fue una prueba de carácter que River aprobó con el corazón en la mano.

El comienzo fue un torbellino de sensaciones ajenas al juego. A los 10 minutos, el estadio entero se unió en un aplauso cerrado y conmovedor para Lionel Messi, tras el anuncio de su retiro de la Selección Argentina. Poco antes, la ovación había sido para Juana Castellaro y Mercedes Artola, las Leonas de River campeonas del mundo. Con ese clima de fiesta y nostalgia, el equipo de Ponzio salió a buscar el partido, mostrando una faceta ofensiva ambiciosa con Ángel Correa, Thiago Almada y Sebastián Driussi buscando asociarse.

La apertura del marcador llegó a los 29 minutos, gracias a la especialidad de la casa: Gonzalo Montiel. Tras una falta sobre Correa dentro del área que el árbitro Nicolás Ramírez no dudó en sancionar, "Cachete" tomó la pelota con la seguridad de siempre y, con un remate fuerte y al medio, puso el 1-0. El Monumental respiró, pero la calma duró poco. A pesar del dominio territorial y de la fluidez en el juego de volante de Andrada y Galván en ese tramo, la visita, dirigida por Alfredo Berti, no se replegó y empezó a inquietar de contra.

El segundo tiempo comenzó con un susto: el arquero Santiago Beltrán salvó su arco con un manotazo milagroso ante un remate a quemarropa. River reaccionó rápido y, a los 8 minutos del complemento, Tomás Galván aprovechó un rebote en el área tras una gran jugada colectiva entre Correa y Almada para empujar la pelota y marcar el 2-0. Parecía que el partido se encaminaba a una goleada, pero la Lepra mendocina sacó a relucir su orgullo. A los 22 minutos, tras una serie de cabezazos en el área millonaria, el paraguayo Álex Arce, capitán y goleador de la visita, descontó con un testazo preciso.

El gol de Arce fue un baldazo de agua fría. River perdió la brújula por unos minutos e Independiente Rivadavia se animó. El travesaño salvó a Beltrán del empate tras un derechazo tremendo de Matías Fernández. El sufrimiento se instaló en Núñez. Ponzio movió el banco, mandando a la cancha a Lucas Beltrán, Juan Cruz Meza y Francisco Ortega para refrescar el equipo y contener los embates mendocinos. El partido se volvió de ida y vuelta, dramático.

Cuando la ansiedad crecía y el reloj marcaba los 34 minutos, apareció la magia. Tomás Galván recibió la pelota en la medialuna del área, perfilado para su pierna derecha. Levantó la cabeza, midió el arco y sacó un derechazo teledirigido que se clavó en el ángulo superior derecho del arco defendido por Nicolás Bolcato. Un golazo monumental, de esos que hacen estallar las gargantas y quedar grabados en la memoria. Fue el grito de desahogo, el gol que liquidó el partido y devolvió la sonrisa a las más de 80 mil almas presentes. El 3-1 definitivo le permite a River sumar su segunda victoria consecutiva en el Torneo Clausura, mantener el puntaje ideal bajo la conducción de Ponzio y, sobre todo, regalarle a su gente una noche de fútbol, emoción y esa mística que solo el Monumental sabe cobijar.

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